Voluntad y compromiso mueven la acción voluntaria
Tradicionalmente, el voluntariado se vinculó al asistencialismo, a la filantropía y a un trabajo desarrollado esencialmente por las damas de caridad de la sociedad.
Sufrió gran influencia religiosa, ya que la caridad es considerada una virtud. En los últimos años, el voluntariado pasó a ser visto como una acción dirigida al bienestar común, impulsada por diferentes causas sociales.
Actualmente, en Brasil, el voluntariado va mucho más allá de la compasión y de la solidaridad. Constituye una gran fuerza de movilización social capaz de articular recursos y promover el fortalecimiento de las organizaciones, con miras a la inclusión social y a una mayor equidad social.
Aunque el voluntariado empresarial brasileño todavía se concentra en atender a las poblaciones de riesgo, su tendencia es involucrarse en la promoción de la ética y de la ciudadanía. Hay una preocupación con temas ligados a la educación, medio ambiente, salud, cultura, defensa de derechos, además de la ética y de la responsabilidad social.
Con los desafíos impuestos por la recesión mundial, el voluntariado parece haberse fortalecido.
La cuestión de la responsabilidad social se configura como una tendencia en la evolución del voluntariado empresarial. La aceleración del proceso de globalización exige acciones y compromiso con la comunidad, que van mucho más allá del aspecto económico. El voluntariado es una gran fuerza de movilización social y la tendencia es ampliar cada vez más el impacto estratégico sobre la comunidad, debido a su capacidad de transformación de la realidad social.
En este 5 de diciembre, instituido por la ONU como el Día Internacional del Voluntario, debemos resaltar la importancia que el voluntario adquiere con su actuación, contribuyendo —movido por su entusiasmo y energía, con sus habilidades y aptitudes profesionales y personales— para la creación de una sociedad cada vez más justa e igualitaria.
Por Cecilia Carvalho, coordinadora de proyectos sociales de la Fundación Bunge



